Espejo, espejito. Reflexiones para retomar nuestra vida tras una grave crisis vital o un punto de inflexión

Espejo, espejito. Reflexiones para retomar nuestra vida tras una grave crisis vital o un punto de inflexión

Espejo, espejito. Reflexiones para retomar nuestra vida tras una grave crisis vital o un punto de inflexión

Equipo GENERALI

Tu asesor de Salud

A veces la vida nos da la espalda -una crisis económica, familiar o de salud- y todo nuestro mundo se pone patas arriba de repente. Charlamos con un cirujano, Giuseppe Remuzzi, que es una eminencia de los trasplantes renales, sobre cómo abordar una crisis y en qué modo la convicción, la resiliencia y un estilo de vida saludable son aspectos clave para la recuperación en numerosos casos, para poder volver a una vida “normal”.

Es algo que no nos gusta pensar. Cuando nos cuentan que le ha pasado a alguien que conocemos, sentimos una profunda empatía y a la par un sentimiento culpable de alivio, por pensar que no nos ha sucedido a nosotros. La mayoría de las personas podrían verse abocadas en algún momento a sufrir la mayor crisis vital, que podría afectar a la salud, la economía o a la familia. Cuando todo se desarrolla sin contratiempos, no nos damos cuenta de lo afortunados que somos; en cambio, cuando llega una crisis, “en perro flaco todo son pulgas”, como dice el refrán: la vida golpea fuerte. Afortunadamente, la mayoría de las veces, son situaciones que se superan. Aunque, en la vida después de una grave crisis, raramente, –o nunca– es fácil regresar a lo “normal”. 

Un tiempo de reflexión

Charlamos con Giuseppe Remuzzi –Director del Instituto Mario Negri de investigación farmacológica y un experto italiano importante en nefrología– acerca de lo que supone sufrir una crisis de salud grave, a lo que se parece el camino de la recuperación y la importancia de mirarnos al espejo y gustarnos cuando lo peor ha pasado.

En su calidad de especialista en enfermedades y trasplantes renales, el doctor Remuzzi recurre a un ejemplo de crisis de salud, hablando del momento en el que una persona descubre que sus riñones han fallado y debe elegir entre pasarse la vida en diálisis o someterse a un trasplante. “La vida de las personas sometidas a diálisis es, realmente, un infierno,” nos cuenta y añade que la decisión de buscar un trasplante es muy personal. Un paciente debe ser asesorado cuidadosamente antes de efectuar la solicitud y ha de sopesar las ventajas potenciales –una calidad de vida sumamente mejorada– frente a las posibles desventajas: tiempos de espera potencialmente largos para encontrar a un donante compatible y la posibilidad del rechazo del órgano trasplantado por el cuerpo del paciente, lo que significa extraer el riñón y entrar de nuevo en lista de espera con la esperanza de encontrar otro nuevo pronto.

La importancia de la convicción y los recursos personales

La convicción junto a la capacidad de hacer uso de los recursos personales individuales son factores clave, que permiten a las personas superar numerosas crisis vitales y mantenerse en el camino de la recuperación que, a veces, no resulta fácil. Por ejemplo, como apunta Remuzzi, en el caso de los trasplantes, las personas destinatarias van a tener que convivir para siempre con la dependencia farmacológica. Aunque, en primer lugar, ayuda a definir lo que se considera una “crisis” desde el punto de vista de un profesional científico. En el artículo “Psychological Strategies for Overcoming the Life Crisis of the Individual in Postmodern Practical Psychology” (Estrategias psicológicas para superar una crisis vital individual en la psicología práctica postmoderna) los autores apuntan que «suelen existir tres tipos de crisis: crisis neurótica, crisis evolutiva y crisis traumática. Las crisis neuróticas están causadas por condiciones previas internas del individuo y están vinculadas con su experiencia. Las crisis evolutivas (o crisis de edad) se producen durante la transición de una edad a otra. Las crisis traumáticas se producen en respuesta a una situación traumática.” Los autores determinan que la mayoría de las personas “superan las crisis gracias a sus recursos personales,” como se refleja en el denominado “Modelo de Ph BÁSICO multidimensional”. El modelo incluye seis factores clave –tales como creencias y valores, comunicación (que incluye ayuda profesional de psicólogos y comunicación con los seres queridos y contactos sociales), y actividad física– que ayuda a las personas a salir adelante de una crisis, incluyendo las causadas por desastres naturales, epidemias y guerras. 

Una foto de la esperanza

Retomando el ejemplo con el que arrancamos –una crisis grave de salud causada por el fallo de los riñones–, Remuzzi afirma que la recompensa de una “nueva vida” justifica el precio a pagar. “Cuando hablas con una persona seis horas después de someterse a la intervención, te dice “Percibo que algo ha pasado dentro de mí y ya me siento mejor”. La vida de la persona se ha transformado, y vive en un estado próximo a la euforia.” Habla, a modo de ejemplo, de una foto que ha recortado de una edición de The Lancet, donde se ve a Kelly Perkins mientras escala el Matterhorn, en Suiza, en 2003. La foto la muestra en acción, concentrada, cuando se aproxima a la cima. Parece una escena del todo normal. Sin embargo, Perkins no es una mujer normal: simplemente, hace ocho años, fue trasplantada de corazón. “Para mí, la foto representa un ejemplo perfecto de cuanto transformador un trasplante llega a ser, al cambiar completamente la vida de una persona. Es un milagro de la medicina moderna,” afirma Remuzzi. A pesar de que siga habiendo numerosos casos en los que las terapias ni los tratamientos funcionan (el peor escenario) o, simplemente, no son reparadores al 100 %, esa foto de Perkins nos trae esperanza.

Espejo, espejito

Uno de los marcadores más importantes de la superación exitosa de una crisis vital o de un momento de vida estresante es cómo se ven las personas después. Así es literalmente. Regresamos a la cuestión de la medicación tras un trasplante y Remuzzi apunta que algunos medicamentos, como son los esteroides, pueden causar un impacto devastador en la apariencia de los pacientes, que les lleva a no reconocer –o, peor incluso, a odiar– su rostro o el cuerpo al mirarse de nuevo al espejo. “El efecto estético es tan importante como el funcionamiento del órgano trasplantado, al menos para mí,” dice el experto, añadiendo que: “Cuando ves que una persona empieza a verse negativamente en gran medida, me pregunto si es mejor perder el órgano e intentarlo de nuevo en lugar de transformar el aspecto físico del receptor.” Naturalmente, existen numerosos casos en los que las personas se ven diferentes tras un momento de vida estresante o una crisis vital. En el estudio “Changes in Appearance in the presence of Major Stress Events” (Cambios de apariencia en presencia de eventos de estrés mayores), los autores escriben en el prefacio: “Los eventos estresantes de la vida pueden provocar una insatisfacción de la imagen física y enfatizar motivaciones para inducir cambios en la apariencia física en aras de promover la propia imagen.” En dicho caso, los autores amplían el campo, incluyendo la contratación para un nuevo empleo, implicarse en una relación seria y el ingreso hospitalario de un familiar, ser querido importante o amigos, como desencadenantes potenciales.

El poder de la resiliencia

«Las personas no son superhéroes. Aunque cada persona posee un superpoder: la resiliencia. En términos esenciales, la resiliencia es la capacidad de encarar las dificultades. “Comporta reconocer las dificultades, mientras se desarrolla una flexibilidad mental, emocional y comportamental para adaptarse a las circunstancias cambiantes,” según Supportive Care, un nuevo proveedor de servicios de asistencia médica conductual, situado en New Jersey. Más específicamente, “no es un rasgo que una persona posee o no posee. Implica comportamientos, pensamientos, y acciones, que todas las personas pueden aprender y desarrollar,” Supportive Care declara en su sitio web, citando la Asociación Americana de Psicología. Los expertos concuerdan que este sea, tal vez, el factor más importante para determinar cómo salimos de una crisis vital o de un momento de gran estrés. Pero si la resiliencia no es innata, ¿cómo convierte una persona este superpoder en una herramienta para superar las dificultades? Según apunta la investigación de “Journal of Personality and Social Psychology”, citada por Supportive Care, “las personas resilientes tienden a mantener una actitud positiva, regulan sus emociones en un modo efectivo y consideran los fracasos como algo temporal y específico y no permanentes y generalizados.” En otras palabras, ayudar a las personas, que están superando un trauma o una crisis vital –independientemente de la naturaleza– a encontrar su superpoder de resiliencia es crucial en aras de una recuperación exitosa. 

Naturalmente, cada crisis es única y no existe un manual para cómo abordar cada tipo de crisis personal que puede sufrir una persona a lo largo de su vida. Aunque aquellas personas que superan positivamente retos importantes suelen contar con: un apoyo social y de la comunidad fuerte (familiares, amigos que no nos abandonan), que brindan una red de seguridad y pueden ayudar, también, en cuestiones prácticas, como ayudar a preparar la comida y encargarse de los niños; ayuda profesional e institucional (como doctores, terapeutas y asesores financieros), que pueden ayudarnos a gestionar varias cuestiones en relación con la recuperación de una crisis, a menudo, proporcionando experiencia y caminos estructurados para ayudar a convertir una crisis en un proceso gestionable; un sentido marcado de convicción personal (encajando los reveses como algo temporal y como oportunidades de aprendizaje potenciales); y recursos materiales (que pueden no estar disponibles para todos, pero que podrían afectar a ahorros personales, y fondos de urgencia y caridad).

Cuando es mejor ir pasito a pasito sin correr

«Pero en lugar de abordar una crisis vital grave, es mejor intentar evitarla. Naturalmente, esta opción no tiene siempre cabida. Aunque la idea ratifica el famoso refrán, “es mejor prevenir que curar”. Un estilo de vida saludable se considera en gran medida crucial en este marco. Aquí, impera lo elemental, Remuzzi observa, señalando lo que debería ser obvio: “No fumes, no bebas –el alcohol es cancerígeno– come fruta y verdura, proteínas y legumbres, camina y muévete mucho …” De hecho, el movimiento es, tal vez, una de las cosas más importantes que recordar para recuperarse de una crisis de salud importante. De acuerdo con la investigación publicada por Sciencedirect, “Los pacientes ingresados por cuidados médicos, cirugía, en salud mental y cuidados intensivos pasaban del 88 % al 100 % de su tiempo en la cama.” Esto es perjudicial para el cuerpo. Según apunta la investigación, “Se produce una pérdida de masa muscular de entre el 2 y 5 % por cada día que el paciente no anda. Los adultos mayores pierden masa muscular a medida que van cumpliendo años, pero los adultos mayores llegan a perder hasta un 10 % de su masa muscular en el transcurso de 7 días, si permanecen inmovilizados.”

Otros consejos, que recordar durante la recuperación de una crisis de salud, parecen obvios, pero son sumamente importantes. Por ejemplo, el centro de California Center for Optimal Repair and Recovery afirma que tomárselo con calma al regresar a casa del hospital es crucial, porque “si nos lanzamos a realizar las tareas normales, nuestro sistema inmunitario y nuestro cuerpo pueden no soportarlo, y terminaríamos directamente de nuevo en la cama enfermos.” En otras palabras, no hemos de intentar empezar desde donde lo dejamos. “Podemos sentir un impulso poderoso de compensar el tiempo perdido, pero ir despacio es la mejor manera de asegurarnos de no alargar el tiempo de recuperación,” determina el CORR. 

Otro paso clave en la recuperación de una crisis vital afecta –en los casos en los que se sabe por adelantado lo que nos espera– a planificar todo lo posible, lo que se va a hacer durante el proceso de recuperación. Por ejemplo, expertos del Consejo Nacional para Adultos Mayores (NCOA por sus siglas en inglés) señalan la importancia de planificar antes de un ingreso hospitalario, para acelerar la recuperación de vuelta a casa. Esto supone, también, tener en cuenta consejos, que parecen obvios, pero sumamente prácticos, como –en casos relacionados con problemas de salud físicos– planificación de programas de fisioterapia por adelantado y cumplir estrictamente las prescripciones médicas. Asimismo, podemos “preguntar sobre equipos especiales que puedan necesitarse en casa mientras se recupera la fuerza y movilidad”– cosas como una silla de ruedas, un bastón, un andador o una botella de oxígeno. «

Más allá de la “vuelta a la normalidad”, en busca de Icaria 

Tomando como referencia la isla griega de Icaria – conocida por su apodo “la isla donde las personas se olvidan de morir”, debido a la larga vida media de sus habitantes –Remuzzi destaca que: “El hombre no ha nacido para morir con 70-80 años –ni tampoco con 120. Lo importante es vivir bien, seguramente, algo que demanda un cambio profundo, verdadero cultural.” Convicción, recursos personales, resiliencia: todos ellos son factores clave para garantizar no solamente un viaje de recuperación positiva tras una crisis vital grave –independientemente de la naturaleza; pueden contribuir, también, a disfrutar de una vida más larga y saludable. Para hacernos una idea del poder de dichas características, vamos a hablar de personas que superaron varios tipos de retos –físicos, económicos y mentales– y cómo convirtieron sus dificultades en triunfos. Probablemente, habrás oído hablar de J. K. Rowling, Stephen Hawking, y Malala Yousafzai, entre otros. Cada una de estas personas confió en su recurso personal mayor –la resiliencia– para superar lo que parecía imposible. Así que, si entramos en una crisis –independientemente de cuál sea su naturaleza– hemos de recordar que la persona que vemos en el espejo no es un retrato permanente de lo que seremos para siempre; es solo un recordatorio de nuestra capacidad de crecimiento. Nadie “puede volver a ser como era,” pero el nuevo yo que experimenta se va perfilando más fuerte, más consciente, y capacitado para aprovechar todo lo que ha aprendido.

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