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25 - Nov - 2020

Gracias a Internet, el acceso a cantidades ingentes de información está a disposición de todos. Ya han quedado atrás las voluminosas enciclopedias, o los largos días en la biblioteca para acceder a fuentes y datos. Actualmente estamos a un solo clic de conocer todo lo que nos rodea. Sin embargo, esta sobrecarga informativa también esconde una cara negativa. El exceso de información que recibimos diariamente puede llegar a provocar inseguridad y perjudicar el resultado de nuestro trabajo. Descubre qué es la “infoxicación” y cuáles son sus síntomas.

 

¿Qué es la sobrecarga informativa o la infoxicación?

 

La sobrecarga informativa es el fenómeno que sufren algunas personas cuando sienten que la información a la que están expuestas es superior a la que pueden asimilar. También es conocida por el término “infoxicación”, que es un neologismo en el que se combinan las palabras “información” e “intoxicación”. Este tiene su origen en el concepto “information overload”, acuñado en 1970 por el sociólogo Alvin Toffler. Antes de la popularización de Internet, la información era filtrada y contrastada por profesionales que, a su vez, la transmitían a la población. Sin embargo, a medida que aumenta la facilidad de acceso a la información, también lo hace el número de fuentes.

El problema no está realmente en el acceso a la información, sino en que basamos nuestras decisiones en la información que recibimos. Y si no hemos sido capaces de contrastarla, o directamente no es correcta, esto repercutirá en nuestro día a día. Además, la infoxicación o sobrecarga informativa también puede producir efectos psicológicos adversos como estrés y ansiedad.

 

Consecuencias de la sobrecarga informativa

 

Las principales consecuencias de la sobrecarga informativa son las siguientes:

  • Síndrome de fatiga informativa: se suele dar en personas que tienen que lidiar con una gran cantidad de información. Este síndrome provoca parálisis en la capacidad analítica, siendo incapaz de poder procesar información y sacar conclusiones adecuadas. También puede llevarnos a tener dudas constantes, a la toma de decisiones equivocadas y, en último término, a un ataque de ansiedad.
  • Reducción de la atención: esta sobrecarga en los impactos de información que recibimos provoca que nuestro cerebro vaya desechando instintivamente estímulos.
  • Baja productividad: más allá  de que la abundante información nos ayuda a estar más alerta y mejorar nuestra productividad, en ocasiones acaba nublándonos la perspectiva y colapsa nuestra capacidad reflexiva.
  • Pérdida de memoria: el exceso de información que tratamos de almacenar en nuestro cerebro provoca un colapso en la capacidad de memorización que tenemos y, por tanto, acabamos olvidando cuestiones que sí era importante retener.
  • Superficialidad en el procesamiento de información: habernos acostumbrado a consumir titulares en 2 segundos, a revisar rápidamente las notificaciones o a buscar un pequeño dato dentro de un texto lo antes posible nos acostumbra a que tratemos de consumir todo aceleradamente. Además de perder mucha información por el camino, la que sí retenemos en ocasiones nos conduce a conclusiones precipitadas.

 

Cómo podemos evitar la infoxicación

 

Si bien individualmente no seremos capaces de frenar el exceso de información al que estamos expuestos, sí podemos evitar sus efectos. Antes de enfrentarte a una búsqueda por Internet, piensa que “menos es más”. Es mejor escoger una fuente fiable y ser capaz de interiorizar un artículo en profundidad que leer 5 en el menor tiempo posible y no ser capaz de extraer conclusiones claras.

La mejor forma de luchar contra la sobrecarga informativa es tener unos hábitos de consumo de información adecuados. De la misma forma que hay alimentos que nos encantan, pero sabemos que no son saludables, hay determinada información con la que ocurre lo mismo. Sabemos que nos mantiene entretenidos o alerta, pero no necesariamente nos está ayudando. O, por lo menos, no en abundancia. Así que no te preocupes si sientes que necesitas un respiro por el exceso de información. ¡Es normal! Trata de dosificar la información que consumes y que no te afecte en tu día a día.

Estar preparado para el futuro implica plantearse un seguro. Aquí tienes lo que necesitas saber.

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