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Atrasar los relojes una hora en invierno y volver a adelantarlos otra vez en verano. El cambio de hora tiene sus defensores y detractores. Para algunos, se trata de una medida eficaz, ya que nos ayuda a aprovechar más las horas de luz. Sin embargo, son muchas las voces que sostienen que los desajustes horarios para las personas no justifican el cambio de hora. La Comisión Europea ya dijo que pondría fin al cambio horario en 2019, algo que no se ha hecho realidad. En estos momentos plantean que 2021 sea el último año en el que tengamos que cambiar nuestro reloj. Pero ¿merece la pena mantenerlo? ¿Cómo nos afecta este cambio de hora en nuestra salud?

 

Efectos del cambio horario

 

La primera consecuencia del cambio de horario es el desajuste de nuestro reloj biológico. Desde la perspectiva fisiológica, se produce una alteración en la secreción de melatonina, que es aquella hormona de nuestro cuerpo que se encarga de regular los estados de vigilia y sueño en función de la luz. Cuanta más luz solar hay, menos melatonina produce el cuerpo. Esto hace que nuestro organismo experimente una sensación de sueño más tardíamente, desajustando los ritmos circadianos.

Esta falta de sueño afecta más a las personas mayores y a los niños, pues tienen una mayor sensibilidad a los cambios hormonales. Pero los efectos en los adultos también son frecuentes. Con el cambio horario aparecen la sensación de cansancio, la fatiga, e incluso algunas personas experimentan irritabilidad y problemas de concentración. Además de la falta de sueño, el cambio de hora afecta también al envejecimiento de la piel y a problemas de estómago.

Algunos estudios sostienen que el cambio de hora aumenta en un 5% las probabilidades de sufrir un accidente laboral o de tráfico el lunes posterior al cambio de hora. Por otra parte, un estudio realizado por la Universidad de Alabama asegura que detectó un aumento del 10% del riesgo a sufrir un infarto durante varios días a raíz de la entrada del horario de verano en marzo.

 

Cómo adaptarse al cambio de hora

 

¿Eres de esas personas a las que afecta especialmente cambiar las manillas del reloj? No te preocupes, adaptarse al cambio es más fácil siguiendo algunas sencillas pautas:

  • Prepárate para el cambio una semana antes. Lo peor que puedes hacer es simplemente obligar a tu cuerpo a adaptarse al cambio de horario de un día para otro. Trata de acostarte todos los días 10 minutos antes durante una semana. ¡Casi no te darás cuenta, pero tu cuerpo poco a poco se irá acostumbrando!
  • Evita las siestas. Compensar tu cansancio con una siesta por la tarde solo empeorará tu reloj biológico.
  • Apóyate en el deporte. Aunque parezca paradójico, el deporte ayuda a poder llegar en mejores condiciones al final de la jornada. Una hora de ejercicio a última hora del día te dará el último empujón para acostarte a la hora adecuada.

 

¿Por qué se cambia la hora?

 

La razón fundamental por la que se cambia la hora tiene que ver con la eficiencia energética. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía estima que se consigue un ahorro energético de un 5% en España, lo que supone unos 300 millones de euros. Ganando una hora en octubre conseguimos adaptarnos mejor al horario de invierno y sus horas de luz natural. Por el contrario, adelantando una hora en marzo nos aseguramos de que la tarde tiene más horas de sol para disfrutar del horario de verano. El debate está servido… ¿Realmente nos compensa este desajuste del reloj biológico? Lo que está claro es que al final nuestro cuerpo es sabio y, antes o después, consigue adaptarse al nuevo horario.

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