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Si bien elegir dedicarse a la agricultura plantea retos y sacrificios, en la actualidad, hacerlo desde el enfoque adecuado y al amparo de la innovación, también, genera oportunidades tangibles de crecimiento, especialmente, entre los jóvenes. En España, las nuevas generaciones de agricultores ya se han encargado de probar que la tecnología y la agricultura regenerativa logran convertir tradiciones rurales en un motor de crecimiento sostenible.

Oímos tantas historias de jóvenes, que abandonan la ciudad para regresar al campo y cultivar las tierras de sus abuelos. A veces les mueve la necesidad, y otras, en cambio, estamos ante una libre elección. Algunos se van agobiados por el estrés urbano, mientras que otros atisban una oportunidad de renovación personal y empresarial en el regreso a una agricultura sostenible. Sin embargo, esas imágenes de campos bañados por el sol y manos curtidas por el trabajo esconden algo más que la idealización de la vida campestre: en ellas subyace una nueva forma de hacer negocios, de construir el futuro y de encarar los retos de la crisis climática. Jóvenes agrónomos, especialistas en TI, diseñadores y biólogos están trasladando a las zonas rurales habilidades que, antes, parecían pertenecer exclusivamente al mundo urbano. Es un fenómeno silencioso y en ciernes todavía, pero que ya apunta a un posible cambio de paradigma.

El marco global: Europa y Asia

En los últimos años, la agricultura en Europa se ha abierto con urgencia y esperanza hacia esta nueva generación de agricultores. Según la Comisión Europea, tan solo el 12 % de los agricultores tienen menos de 40 años, mientras que la edad media de estos supera los 57 años. Esta cifra pone dos datos sobre la mesa: por un lado, el riesgo de envejecimiento de este sector y, por otro, una gran oportunidad, para quienes sepan aprovecharla. Hoy en día, los jóvenes con sus ideas renovadas y habilidades digitales están capacitados para revertir la situación y convertir el campo en un laboratorio de innovación agrícola y sostenibilidad.

Aunque el reto no es solo demográfico. La sequía, las olas de calor y las lluvias torrenciales resultan cada vez más habituales y la agricultura europea tiene que pagar por ellas unos 28.000 millones de euros anuales. Sin embargo, nuevas soluciones están surgiendo en respuesta a dichas amenazas. Tecnologías agrícolas, como los sensores de riego de precisión, los drones para la supervisión de cultivos y las plataformas digitales para la distribución directa brindan a los jóvenes agricultores la posibilidad de transformar los retos climáticos en oportunidades de crecimiento sostenible. Sin duda, se trata de retos difíciles, pero no insalvables.

Al otro lado del mundo, en Asia, el cambio climático está azotando gravemente las zonas rurales. Los agricultores, acuciados por la impredecibilidad cada vez mayor de monzones y olas de calor, sin olvidarnos, tampoco, de la degradación de los suelos, han tenido que reinventar determinadas prácticas que, hasta hace unos años, parecían perfectamente arraigadas. La productividad se está desplomando, la fertilidad del suelo está mermando y la seguridad alimentaria en peligro. Pero, pese a todo, también en esta parte del mundo se cuentan historias de resiliencia e innovación. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2024, Novel Agrifood Technologies & Sustainable Development), que exploran cómo la agricultura a pequeña escala en regiones en desarrollo está adoptando nuevos enfoques, los pequeños agricultores están empezando a integrar prácticas regenerativas y climáticamente inteligentes, y a aprovechar las herramientas digitales para impulsar la productividad y la resiliencia. La rotación de cultivos, el compostaje, la gestión del carbono en el suelo y el uso cuidadoso del agua son estrategias aplicadas a diario, que mejoran la fertilidad, aumentan el rendimiento y protegen las fuentes de ingresos. Aunque, la innovación agrícola no es solamente una cuestión técnica. Muchos jóvenes agricultores asiáticos conjugan sus prácticas agrícolas con servicios digitales: plataformas para conectar a productores y consumidores, aplicaciones de control del clima y riego, y herramientas que permiten la venta directa y reducen derroches.

En España, la tradición se da cita con la agricultura del futuro

El sector agrícola español está experimentando una profunda transformación, para equilibrar el reto de la renovación generacional con la urgente necesidad de la adaptación al cambio climático. Según la OCDE, más de dos tercios de los agricultores españoles tenían más de 55 años en 2020, mientras que, solamente, un 4 % no había cumplido todavía los 35, una cifra que viene a reiterar la necesidad de atraer a las generaciones más jóvenes a la agricultura. Con el fin de atajar el problema, el gobierno ha puesto en marcha el Plan Estratégico para la Política Agrícola Común (PEPAC) 2023-2027, que destina alrededor de 220 millones de euros anuales al apoyo de la renovación generacional, la formación y la creación de nuevas explotaciones agrícolas bajo el mando de jóvenes agricultores.

Las oportunidades no se quedan en la financiación: en el marco de la misma PAC, la campaña de 2024 registró 598.151 solicitudes, para aproximadamente 22,2 millones de hectáreas de terrenos agrícolas, lo que describe claramente un sector en transición y cada vez más digitalizado. Asimismo, los datos recientes recabados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) dan cuenta de una modernización gradual: mientras que la mano de obra agrícola ha disminuido un 4 % en comparación con 2020, el número de agricultores, que recurren a la agricultura regenerativa y a tecnologías para una agricultura de precisión en la gestión del suelo y el agua, sigue en alza.

Un nuevo rumbo para quienes apuestan por dedicarse a la agricultura sostenible

Decidir volver a trabajar la tierra no es algo que deba tomarse a la ligera. Es una decisión que genera entusiasmo, pero también una gran incertidumbre. No saber por dónde empezar puede ser desconcertante para quienes lo hacen de cero. Los gastos iniciales, el acceso a la tierra, los conocimientos técnicos… todo puede parecer agobiante. Sin embargo, no es un salto al vacío. En la actualidad, una red cada vez más extensa de programas de apoyo, financiación y formación consiente construir una agricultura del futuro sostenible. En Europa, la renovación generacional constituye uno de los principales objetivos de la nueva Política Agrícola Común (PAC), por lo que dicha política ofrece subvenciones a fondo perdido a quienes emprenden en agricultura sostenible. Pero no es solamente una cuestión de dinero: la formación se ha convertido en el verdadero punto de partida. Programas como el Erasmus para Jóvenes Emprendedores permiten a los participantes pasar de 1 a 6 meses en empresas europeas, que ya se dedican a la agricultura ecológica o de precisión, para aprender en primera persona cómo innovar. Esta necesidad de cruzar conocimientos, también, emerge en la Estrategia para la Renovación Generacional de la UE, que aboga por una formación profesional más sólida, programas de mentoría y planes de aprendizaje internacionales, para garantizar que la próxima generación de jóvenes agricultores pueda incorporar la innovación agrícola y la sostenibilidad a la vida rural diaria.

El acceso a las tierras es uno de los principales obstáculos para los jóvenes agricultores. A pesar de ello, muchos países están ensayando nuevas formas de propiedad y gestión compartida a través de cooperativas agrícolas, asociaciones agrarias y plataformas digitales, que conectan a quienes poseen tierras sin utilizar con quienes desean cultivarlas. La Estrategia 2025 para la Renovación Generacional de la Comisión Europea identifica explícitamente el «acceso a la tierra» como una de las mayores barreras para los nuevos agricultores, y anuncia la creación de un Observatorio Europeo sobre Suelo Agrícola en pos de mejorar la transparencia del mercado y en apoyo a un relevo justo. En toda Europa, iniciativas como los mecanismos de movilización y recuperación de tierras, aplicadas en Francia y Alemania, facilitan la transferencia o el arrendamiento a largo plazo de tierras agrícolas a jóvenes, que no proceden de familias de agricultores, a menudo con el objetivo de apoyar una agricultura ecológica o regenerativa. Un informe de 2024 de Interreg Europe confirma que «los servicios de movilización y recuperación de tierras pueden ser útiles para superar una barrera importante para los recién llegados».

Otro recurso que se suele subestimar es la comunidad. Los jóvenes agricultores, que se van afianzando, no trabajan de forma aislada, sino que se unen a redes de apoyo mutuo: grupos de compra solidaria, mercados de agricultores y cooperativas, para compartir herramientas e infraestructuras. Actualmente, las herramientas digitales, también, pueden marcar una diferencia real: desde mercados agrícolas en línea hasta plataformas de trazabilidad y gestión, que fomentan la venta directa a los consumidores y son garantía de transparencia. Según el informe mundial de la FAO de 2025 sobre la situación de los jóvenes en los sistemas agroalimentarios, alrededor del 44 % de todos los trabajadores jóvenes del mundo (especialmente en los países con ingresos bajos y medio-bajos y donde reside casi el 85 % de los 1.300 millones de jóvenes del mundo) están empleados en actividades relacionadas con la agricultura; dicha cifra evidencia que sigue siendo un campo clave para la próxima generación y un laboratorio para la transformación digital. En este sentido, el auge de las plataformas de trazabilidad digital, las herramientas de riego inteligente y los sistemas de cadena de suministro basados en blockchain no solo está ayudando a los agricultores a llegar directamente a los consumidores, sino que, además, está reforzando la transparencia y la confianza en toda la cadena alimentaria, que son los objetivos fundamentales de la estrategia «De la granja a la mesa» de la UE. Dichas soluciones reducen la intermediación, añaden valor a los productos y crean cadenas de suministro más cortas, resilientes y sostenibles.

Por último, cabe reseñar también que, quienes apuestan por regresar al campo, deben estar preparados para recorrer un camino complejo, pero repleto de nuevas oportunidades. Se requiere estudio, paciencia y tomar conciencia de que la agricultura sostenible actual no es como la de antaño: es una profesión en la que la tradición se une a la ciencia, donde el trabajo duro y el esfuerzo coexisten con la innovación, y donde la comunidad se convierte en la verdadera fuerza para aguantar.

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